“LA SANGRE… [HACE] EXPIACIÓN… POR VUESTRAS ALMAS…” 
Levítico 17:11

 

Jeffrey Ebert escribe: 

“A la edad de cinco años, antes de que existieran los cinturones de seguridad y los airbags en los automóviles, mi familia y yo nos dirigíamos a casa, de noche, por una carretera de dos sentidos. 

Yo estaba sentado encima de mi madre cuando otro coche en dirección contraria, conducido por un borracho, se cruzó de carril y chocó de frente con nosotros. 

No recuerdo el accidente, pero sí el miedo y la confusión que sentí cuando vi que estaba cubierto de sangre de la cabeza a los pies, aunque luego me di cuenta de que la sangre no era toda mía, sino de mi madre. 

En ese instante, cuando los faros del otro vehículo le cegaron la vista, instintivamente se encorvó y me cubrió con su cuerpo. 

Fue su cuerpo el que se chocó contra el salpicadero y su cabeza la que rompió el parabrisas. 

Ella recibió el impacto… para que yo no tuviera que hacerlo. 

Mi madre necesitó varias operaciones para recuperarse de sus heridas.”

 

En la cruz, Jesús recibió el impacto de nuestro pecado, pero en el momento en que depositamos nuestra confianza en Él, su sangre derramada nos reconcilia con Dios. 

Considera el dilema de Dios. 

La Biblia dice que Él es “muy limpio… de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…” Habacuc 1:13.

Para resolver el problema, Dios nos ve:

“en Cristo” 

“a través de su sangre”. 

 

Un compositor escribió: 

“Cuando Dios me ve, no ve lo malo que he hecho, sino sólo la sangre de su Hijo crucificado.” 

La Palabra de Dios dice: 

“La sangre… [hace] expiación… por vuestras almas…” Levítico 17:11. 

 

¿No es maravilloso que la sangre de Jesús haga de puente entre nosotros y Dios y nos una a Él?

En este domingo de Santa Cena, perdona, limpia el corazón del orgullo, de la amargura y alimentate con el jugo de uva, que transforma, que sana, que reconcilia y el pan del cuerpo denuestro Señor Jesucristo, que nos da valor, firmeza, fe, esperanza y amor, para terminar este año y comenzar otro, sin resentimiento.

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Ve, come y toma la Santa Cena con Dios.